La Pequeña ciudad de P.

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lunes, 31 de octubre de 2016

85 años de Tomi

El 28 de noviembre de 1931 nació en Estrasburgo el único e irrepetible Tomi Ungerer. Este año el alsaciano cumplirá 85 años y para celebrarlo, su actual editora de cabecera, Phaidon, ha publicado un volumen espectacular en el que se recopilan 8 de su cuentos de animales y ha abierto un espacio en su web para colgar felicitaciones. Puede participar todo aquel que quiera dibujar una felicitación para el enorme Tomi. Vean algunas de las que han llegado.

Felicitación de Milton Glaser

Felicitación de Seymour Chwast

Felicitación de Eric Carlé

Felicitación de Quentin Blake

Felicitación de Jean Jullien

La lista no deja de crecer: Eric Carle, los Push-Pin Milton Glaser y Seymour Chwast, Beatrice Alemagna o el vídeo felicitación de otro de los diseñadores emblema del Midcentury, Steven Heller. En resumen, un derroche, porque cumplir 85 así como lo hace Tomi, tiene que ser un dispendio.

Permanezcan atentos a la web del evento y podrán, o bien subir su propia felicitación, o disfrutar de algunas como las que aparecen arriba. Pero recuerden, pase lo que pase en el planeta, el 28 de noviembre aquí será fiesta.


domingo, 30 de octubre de 2016

Las punki pumpkins de Yayoi Kusama

Halloween, Samaín, el Día de los muertos mexicano... díganlo como quieran, pero hagan lo que hagan pónganle una calabaza. Es fiesta y las reglas son las reglas: calaveritas y calabazas. Aquí ya hemos visto cómo Ed Emberley las pinta en un plisplás y, aunque admiramos sobremanera las calaveras, esqueletos y calabazas del maestro grabador José Guadalupe Plata, hay unas calabazas que superan a todas las anteriormente citadas, las de la artista japonesa Yayoi Kusama.

Lo de las calabazas le viene a Yayoi de su infancia. Una vez se encontró con una pequeña calabaza que brotó en su huerto. Como era tan pequeña y distinta al resto de las cosas, Yayoi decidió pasarse a verla y hablarle regularmente, algo que además de ayudar a crecer a la calabaza, inspiró tanto a Yayoi que decidió dedicarles un hueco de su arte para el resto de sus días.

Aquí algunas de ellas. Disfruten del volumen, la forma y el color, esto es algo más que una fiesta, es un fiestón.


Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

Yayoi Kusama

A partir de esta primera calabaza de niñez, el mundo de Yayoi- perturbador, inquietante, propio de una persona con dolencias mentales- se torna en arte al tratar de encontrar una vía de escape para abandonar su prisión mental. La japonesa comienza entonces a dibujar para mantener su mente alejada del dolor; centrándose en el estudio de la forma; observa minuciosamente fascinada por el volumen y el color de las calabazas. Fíjense en lo que decía en su autobiografía:

“I would confront the spirit of the pumpkin, forgetting everything else and concentrating my mind entirely on the form before me… I spent as much as a month facing a single pumpkin.”

Trazadas desde el cénit como una auténtica bóveda de crucería, las calabazas de Yayoi dejan caer sus gajos como nervaduras. Algunas tienen tal movimiento que simulan ser grandes tentáculos de pulpo, mientras otras, más finas, son rabos de lagartija; cuando se curvan, se agitan suavemente como las caderas de las bailarinas de hula. En definitiva, texturas: topos, lunares, círculos, etc su bendita "infinita obsesión".

La calabaza es a Kusama lo que la piscina a Hockney o la lata de Campbell a Warhol, una seña de identidad con la que la artista japonesa se ha dado a conocer a lo largo y ancho del planeta. Están por todas partes: galerías, esculturas urbanas, cuadros, artículos de moda y libros; algunas de las que ven en el post pueden encontrarlas en el Alice's adventures in wonderland que Penguin publicó en 2012 con sus ilustraciones.

Y hasta aquí la calabazada propia de las fechas. Disfruten de un día de fiesta pagana.


Más calabazas en:


domingo, 23 de octubre de 2016

Bruno Munari: con la comida no se juega ¡se estampa!

A mediados de los 70, mientras nacía esta redactora, un tipo con gafas y traje- siempre hecho un pincel- revolucionaba el mundo con sus juegos y dibujos. Aciertan a pensar en el futurismo, pero por encima de la innovación había algo más que hizo de él un personaje único y por el momento, irrepetible. Era su manera de mirar.

Se llamaba Bruno Munari y es el porqué de tantas cosas...


Bruno Munari. Rose nell'insalata. Montova: Corraini, 2008



En el 74 escribió Rose nell'insalata un pequeño manual de estampación para los más pequeños, cuyo ingrediente secreto es la lechuga. Sí, la lechuga. Sí, la de la ensalada. La observó, la diseccionó y la convirtió en un excelente taller de estampación artesanal con materiales vegetales. ¿Cómo se quedan? pues eso, Munari escribió una pequeña serie de libros cuyo objetivo no era otro que enseñar a los primeros lectores a mirar de otra manera el entorno que les rodea, prestando atención a las cosas que tenemos cerca, que aunque sencillas, pueden esconder en su interior un mundo infinito de posiblilidades.

Para ello nació Rose nell'insalata, para demostrar que con una simple lechuga se puede hacer del mundo un jardín lleno de rosas. ¿Quieren saber cómo? pues estampando, manchándose las manos, pringándose de tinta y cortando algún que otro vegetal. ¿Qué? ¿es fácil o no es fácil cambiar el mundo? Aquí un poco de la magia necesaria.


Bruno Munari. Rose nell'insalata. Montova: Corraini, 2008


Aquí tienen las herramientas: una lechuga a la que han de cortar el tallo, una almohadilla bien entintada et voilà!, una rosa es una rosa, es una rosa...

El caso es que si el libro tuviese "pasos a seguir" y una foto de cada una de las etapas del proceso, Rose nell'insalata 
no sería un libro del prócer italiano, ya que Munari es más de "no decir qué hacer, sino cómo hacerlo" método con el que pretende estimular la creatividad de los niños, y por supuesto entretenerlos, no olviden que él también era padre y se encargaba personalmente de diseñar juegos y libros para la familia.

Tras un breve prólogo en el que el autor nos habla de los materiales y trucos para conseguir un trabajo digno de estampación, a lo largo de las 62 páginas restantes Munari nos sugiere posibles combinaciones de colores y formas extraídas de las diferentes verduras cortadas: lechuga, pepinos, brécol, coles de Bruselas... un no parar que dio como resultado imágenes tan estupendas como las que ahora van a ver.


Bruno Munari. Rose nell'insalata. Montova: Corraini, 2008

Bruno Munari. Rose nell'insalata. Montova: Corraini, 2008

Bruno Munari. Rose nell'insalata. Montova: Corraini, 2008

Bruno Munari. Rose nell'insalata. Montova: Corraini, 2008

Bruno Munari. Rose nell'insalata. Montova: Corraini, 2008

Bruno Munari. Rose nell'insalata. Montova: Corraini, 2008


Según el futurista, la experiencia visual y manual son necesarias para introducir a los niños en el mundo del arte, y para que estos puedan llevarlas a cabo con éxito hay que proporcionarles herramientas básicas con las que puedan expresarse, entender el lenguaje visual y definirse como seres originales y autónomos. Yes we can. Factible, terriblemente sencillo, atractivo y divertido. Magnánimo Munari.

Tras este libro de la rosa, llegaron otros dos: Desegnare un albero (1978) y Desegnare il sole (1980), tres títulos actualmente disponibles en inglés e italiano (Dibujar un árbol, edición en español fue un proyecto de autoedición de la librería bilbaína Anti a través de la plataforma Verkami y actualmente está disponible en algunas librerías); todos forman parte de la colección Workshop de la editora italiana Corraini, responsable de recopilar todos estos libros de laboratorio bajo un mismo paraguas.

Su primer taller para niños lo impartió en la Pinacoteca de Brera (Milán), en 1977. Los llamaba "laboratorios" y en ellos se "jugaba con las artes visuales". Pocos años después de su muerte (98) se creó la Asociación Bruno Munari, cuyo propósito es promover y difundir la obra del genio de las 4 caperucitas. Manteniéndose fieles a su método, la entidad continua impartiendo estos laboratorios de "Jugar con el arte". El de Rose nell'insalata lo hacen en colaboración con Schedía Teatro, una asociación de artistas italianos que además de espectáculos llevan a cabo proyectos de formación teatral para jóvenes.

Y hasta aquí el post de la lechuga. Espero que a partir de ahora aprendan a mirar todas esas cosas verdes que se llevan a la boca con otros ojos, con lo del artista que todos llevamos dentro. Así que buen provecho y que fluya el arte.


Más rosas&lechugas de Munari en:



sábado, 15 de octubre de 2016

Aprender a mirar con Joel Meyerowitz

Fotografía e ilustración han caminado de la mano durante siglos, de hecho, ¿qué es la fotografía sino dibujar con luz? Desde el punto de vista actual y tomando como punto de partida una sociedad que vive en su mayoría de cara a la red, el manejo de las cámaras y la práctica fotográfica se ha convertido en algo tan rutinario como el café de la mañana. Poco importa ya la técnica, menos aún el enfoque, lo importante parece ser el aquí, el ahora y por supuesto, la difusión del instante. Pero ¿dónde queda el componente artístico de la foto? es más, ¿dónde se queda el recuerdo fotografiado? La posibilidad de capturarlo todo con inmediatez hace en ocasiones que estemos más preocupados de captar el momento que de vivirlo (y por ello los hay que hasta han perdido la vida en un macrointento de conseguir la mejor instantánea).

Con esta perspectiva es obvio que aquello de lo "artístico" queda relegado; tampoco es necesario ni lo ha sido nunca, que todas las fotos lo sean. La fotografía ha de ser una herramienta informacional, es un transmisor de la realidad, pero esta puede verse modificada gracias a las emociones o sentimientos de quien está tras la lente, en definitiva, del que dispara. Es pues la intencionalidad con la que se hace, lo que la convierte en fotografía artística.

Si a ustedes que leen les interesa el universo fotográfico, serán conscientes de que el legado o ejemplo que estamos dando a los más pequeños sobre tan noble arte es bastante pobre. Esa actitud de "apunta, dispara y nada más" que tan bien han sabido explotar marcas como LOMO, está claro que democratizan y abren a un público más amplio la fotografía, y más aún que hacen de un oficio una diversión, pero transmiten de manera errónea a los pequeños usuarios un montón de valores intrínsecos a la foto. En la fotografía como en el diseño, aquello que parece más sencillo es lo más difícil de conseguir, y esto implica: tiempo, paciencia, observación, conocimiento...

Eso es lo que nos gustaría transmitir a lo más pequeños, el amor por las cosas bien hechas y la necesidad de contar buenas historias (de mediocres están las estanterías llenas) y eso es lo que el fotógrafo neoyorkino Joel Meyerowitz ha querido darnos a conocer en Seeing things, una guía de fotografía para niños con la que simplemente pretende enseñarles a mirar a través de otra mirada, la de grandes fotógrafos de los dos últimos siglos.

Limpien su lente y abran su diafragma. En breves oirán el obturador


Joel Meyerowitz. Seeing things: A kid's guide to looking at photographs. 
Nueva York: Aperture Foundation, 2016

Joel Meyerowitz. Seeing things: A kid's guide to looking at photographs. 
Nueva York: Aperture Foundation, 2016


Merkowitz aglutina en este álbum (no es un libro-compendio de fotografía de autor al uso, como ven tiene el formato de un ilustrado, algo que a priori resulta mucho más atractivo tanto para niños como para adultos) fotografías míticas de autores como Henri Cartier-Bresson, Richard Avedon, Martin Parr o Sebastião Salgado. En cada una de ellas, disecciona la fotografía, nos cuenta su porqué, pero lo que es más importante, nos da la clave de cada una de ellas como consejo para conseguir una buena imagen. Así, nos adentra en la obra de Cartier-Bresson y remarca la importancia de la elección del momento oportuno; del binomio hombre-animal a través de las fotos en blanco y negro de Avedon o de la diversión y felicidad desbordante que Martin Parr consigue al hacer una foto de "la típica foto" dándole la vuelta al tiesto y haciéndonos ver la escena es una clase de taichi en lugar de una pose institucionalizada para cualquier viajero que se precie de haber estado en ese monumento.

Todas estas cosas no se consiguen por azar ni de manera instantánea y eso es lo que Merkowitz nos va contando en la guía, a la par que nos descubre obra y autores imprescindibles del universo fotográfico.

 
Elliott Erwitt, New York City, 2000
Joel Meyerowitz. Seeing things: A kid's guide to looking at photographs. Nueva York: Aperture Foundation, 2016

Henri Cartier-Bresson, Behind the Gare Saint-Lazare, 1932.
Joel Meyerowitz. Seeing things: A kid's guide to looking at photographs. 
Nueva York: Aperture Foundation, 2016

Sebastiao Salgado, Chinstrop penguins on Saunders Island in South Sandwich Islands, 2008
Joel Meyerowitz. Seeing things: A kid's guide to looking at photographs. Nueva York: Aperture Foundation, 2016

Sin perder de vista la imagen, la edición de Seeing things va más allá de lo que se puede esperar de una guía para niños. El tratamiento tipográfico, la maquetación, el diseño de cubierta y contra con sus troquelados (ese ojo de Paul Rand o de la AIGA), los créditos y menciones- otro dato importante a enseñar a los que trabajan con imágenes: aprender a referenciar. En definitiva, un álbum espectacular de principio a fin.

Martin Parr. The Leaning Tower of Pisa, 1990
Joel Meyerowitz. Seeing things: A kid's guide to looking at photographs. Nueva York: Aperture Foundation, 2016


A continuación un detalle de la parte textual, que a lo largo de las casi 70 páginas de libro aparece maquetado en vertical/ horizontal dependiendo de la foto a la que acompañen. El que ven a continuación hace referencia a una fotografía de Mary Ellen Mark tomada en India a un elefante y a un hombre del circo con el formaba dúo musical. Tomen nota del comentario: ... she knew to wait. I'm sure she took a lot of pictures of the elephant and trainer in this pose. Pero de todas, solo una fue la elegida, lo que significa que habrán de disparar miles de veces hasta poder encontrar aquella que tiene todo lo que sus personajes estaban transmitiendo al fotógrafo en ese momento "the right moment"

 
Joel Meyerowitz. Seeing things: A kid's guide to looking at photographs. 
Nueva York: Aperture Foundation, 2016


Joel Meyerowitz es una leyenda viva de la fotografía urbana. Con sus más de 70, ha documentado la vida americana recorriendo y radiografiando sus calles con una Leica- primero en blanco y negro y después en color, algo que le fascinó y convirtió en su expresión artística- con película de 35 mm. Si aún no son conscientes de quién les hablo, probablemente se den cuenta de que ya han visto sus fotos cuando les diga que fue una especie "fotógrafo oficial" del 11 de septiembre ¿Recuerdan aquellas imagen del WTC completamente destruido en medio de humo y la ceniza? Pues si no las han visto, echen un ojo al libro Aftermath que Phaidon publicó hace unos años recopilando su archivo fotográfico del 11S.

Esto es solo un pequeño aperitivo de lo que encontrarán en Seeing things, un fabuloso libro sobre fotografía que aunque concebido para niños, debería ser de obligada lectura para todos aquellos adultos dispuestos a revolucionar el mundo de la creatividad fotográfica a través de sus perfiles de Instagram. No sean tan LOMO y lean a gente como Meyerowitz antes de disparar, les aseguro que sus recuerdos serán aún mejores.



Más fotos, más libros en:

miércoles, 12 de octubre de 2016

Biciratura: literatura a dos ruedas

David Byrne. Diarios de bicicleta. Barcelona: Reservoir Books, 2010

"Montado en una bicicleta, al estar ligeramente por encima de la altura de la vista de los peatones y los coches se obtiene una visión perfecta del ajetreo de la ciudad en que se vive. A diferencia de muchas otras ciudades norteamericanas, en Nueva York, por lo menos una vez al día, casi todo el mundo tiene que salir a la calle y encontrarse con otra gente: todo el mundo tienen que hacer a diario una breve aparición pública como mínimo.

Cuando acepté participar en el jurado del diseño de los puntos de anclaje para bicis, tracé varios bosquejos de ocurrencias mías para anclajes más pequeños, cada uno para un vecindario específico de Nueva York, y se los pasé a DOT. No los hice como propuestas serias [...] Hay un anclaje en forma de símbolo de dólar para Wall Street, una con forma de zapato con tacón para la parte alta de la Quinta Avenida, uno con forma de perro para el Village, una forma abstracta para el MoMa, etcétera." 

A continuación algunos de los diseños que David Byrne para puntos de anclaje de bicis en Nueva York.

David Byrne. Diarios de bicicleta. Barcelona: Reservoir Books, 2010

David Byrne. Diarios de bicicleta. Barcelona: Reservoir Books, 2010

David Byrne. Diarios de bicicleta.
Barcelona: Reservoir Books, 2010

David Byrne. Diarios de bicicleta.
Barcelona: Reservoir Books, 2010

David Byrne. Diarios de bicicleta. Barcelona: Reservoir Books, 2010

¿Qué más se puede pedir? literatura, bicicletas y diseño en un solo volumen. Eso es Diarios de bicicleta de David Byrne, un libro de las batallitas sobre dos ruedas del músico americano, que un buen día decidió echarse una bici plegable a su equipaje y descubrir con ella la cara b de las ciudades. Los diarios funcionan además como guía de viajes y directorio de recursos para los amantes del ciclismo urbano, o como bien dice Byrne en su epílogo, "el futuro de los desplazamientos cortos".


Más bicis, libros y Byrne en:


Tara Booth: cantando bajo la ducha

Unwell. Tara Booth. Riga: Kuš!, 2016 

Tara Booth es uno de esos personajes ilustrados a los que la noche le confunde. Lo mismo se pide una pizza porque está sola, que se tiene que ir de la cama porque amanece con quien no debiera; en cualquier caso, una chica despierta, sin pelos en el pincel y por supuesto fresca, muy fresca, diría yo que casi "recién duchada".

No se hable más ¡A la ducha!


Unwell. Tara Booth. Riga: Kuš!, 2016 

Unwell. Tara Booth. Riga: Kuš!, 2016 

Unwell. Tara Booth. Riga: Kuš!, 2016 

Unwell. Tara Booth. Riga: Kuš!, 2016 

Unwell es un pequeño diario de escenas cotidianas en el que la ilustradora de Portland y su perro nos hablan sin tapujos de las cosas que pasan en la vida: sexo, duchas, novios raros o calcetines que se han quedado sin pareja... así de particular es la vida de Tara Booth.

Pintura y dibujo son sus herramientas para luchar contra la ansiedad o la depresión, algo palpable en sus viñetas pero que Tara ha sabido convertir en emociones positivas y humor a fuerza de color. Tara es una de esas artistas residentes en el "precipicio emocional" como ya vimos con Angela Dalinger o la mismísima Yayoi Kusama, un colectivo de artistas outsiders que aportan a la ilustración su particular visión de las cosasSus personajes son puro movimiento: escorzos, posturas imposibles, cuerpos relajados, desparramados, descarados... así es la Booth.

Una pequeña editora de cómic lituana ha publicado Unwell dentro de su colección mini kuš!, unos pequeños cuadernos en rústica grapada de no más de 30 páginas con historias de artistas y dibujantes lituanos y del resto del planeta. 

Lo dicho: ¡A la ducha!


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